jueves, 12 de junio de 2014

Siete de la tarde

Recuerdo el día en que lo conocí. Era un 1° de Septiembre, yo estaba en el centro comercial haciendo compras, él trabajaba en la caja de mi tienda favorita, yo iba allí siempre que cobraba. Cada vez que yo iba, él me miraba y se reía, siempre era así, hasta que un día me empezó a hablar, él era una persona muy agradable, sabía escucharme y levantarme el ánimo. Después de tantas charlas, nos conocimos mejor, yo sentía algo por él pero no me animaba a decírselo por miedo a que no sintiera lo mismo.
Era martes y yo salía de trabajar temprano y como había cobrado, pase a comprarme esos hermosos zapatos que vi. Al llegar allí, estaba él con su encantadora sonrisa. Se asombró al verme a esa hora ahí, tendrías que estar trabajando me dijo, yo le conteste que salí temprano, porque mi jefa había llegado antes; al comprarme los zapatos él me dijo si quería ir a cenar con él a la noche, yo muy contenta le dije que sí. A las 20:30 me paso a buscar, fuimos a un lugar muy lindo, al llegar me dijo que tenía que decirme algo pero que me lo iba a decir antes de irnos, yo estuve toda la noche ansiosa y pensando en qué me quería decir. Llegó la hora de irnos, me dijo que estaba enamorado de mí y que le gustaba como era yo; también me pregunto si quería ser la novia, yo me puse muy nerviosa y me fui corriendo. Al llegar a mi casa decidí, llamarlo para pedirle disculpas y explicarle por qué me había ido así, le dije que sentía lo mismo pero no me animaba a decírselo y que al escucharlo a él decir esas cosas, me quedé sin palabras.
Pasaron meses y decidimos contarles a nuestros padres, organizamos una cena familiar, para que se conozcan mejor, se llevaron muy bien y decidieron juntarse todos los domingos.
Estábamos en diciembre, nuestros padres ya eran muy amigos y querían pasar las vacaciones juntos, propusieron ir a Brasil el 10 de Enero. Unos días antes sacamos los pasajes. Cuandollegóo el día fuimos al aeropuerto, al llegar al avión entraron nuestros padres a los cuales les dijeron que no había más lugar, dándonos la opción de tomar el siguiente vuelo, nosotros aceptamos. El avión salía a las 7 de la tarde y recién eran las 5, por lo que dimos unas vueltas a esperar la salida. Estábamos en el avión cuando este comenzó a temblar elevando la fuerza de movimientos a cada minuto.
El avión se volvió rápidamente en gritos y disturbio, se podía sentir la televisión en el ambiente. Todo se volvió confuso. Giré mi cabeza, dirigiendo mi mirada hacia la ventanilla derecha donde podíamos ver el fuego consumiendo las turbinas. El descenso del avión se hizo inminente. Solo pedían que nos mantengamos calmados, que los problemas se solucionarían, aunque todos sabíamos que no era así.
Tomando los bolsos me dirigí a la puerta de abordaje, mi vista aún está borrosa, me siento algo adormecida y este disturbio es algo insoportable; las personas miraban por la ventanilla asustadas ante las palabras “todo se solucionará en unos minutos” aguarde por favor, estamos sufriendo algunos problemas técnicos, impidiendo el paso, las llamas se acercaban cada vez más y la puerta de salida está bloqueada por alguna extraña razón.

Admiro la paz de aquella chica acostada dormida en frente del televisor, donde se ve como noticia principal a cientos de personas que caen en un avión de nuestra misma línea, lleno de gente desesperada el día 10 de enero a las 7 de la tarde.

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