viernes, 30 de mayo de 2014

Juego o realidad



Por David Menéndez y Francisco Escobares

Adam era un adolescente medio solitario a comparación de Alex que era muy sociable. Alex era muy estudioso y en su tiempo libre aprovechaba para jugar a la computadora. Adam era un poco holgazán , no estudiaba, no leía, no hacia tareas pero le dedicaba todo su tiempo libre a su computadora, una tarde-noche Alex haciendo un trabajo de investigación entra a una página accidentalmente y descubre un juego llamado “La Guerra Del Destino”. Entra a la página de descarga del juego, y decide descargalo mientras estudiaba. Al día siguiente Alex, por la tarde se decide a probar el juego, entró al juego y conoció a “Adam”: uno de los poco jugadores de ese juego y comenzaron a hablar de su vida y, a través de la charla se dieron cuenta que eran de la misma ciudad, pero de distintos colegios.
Al siguiente año la madre de Alex decide cambiarlo de escuela porque sufría bullyng por parte de sus compañeros. Por pura casualidad la madre de Alex lo cambió a la misma escuela que iba Adam. Alex y Adam tenían 15 años pero cuando se conocieron, un año antes, tenían 14 años. Después de unos meses habiendo jugando juntos se dieron cuenta por la forma de ser y la forma en que contaban las cosas que le sucedían que se conocían en persona. Alex se da cuenta de que su amigo virtual estaba yendo a la misma escuela y al mismo curso ese año entero.
A la siguiente tarde Alex le pregunta a Adam (en el juego) :
Alex: ¿Adam estás jugando?
Adam: Si estoy Alex
Alex: ¿Por casualidad no vas a la escuela que está cerca del estacionamiento privado –Strack- ?
Adam: Sí ¿Por?
Alex: Yo voy a esa escuela
Adam: ¿A qué curso vas?
Alex: A segundo año del turno mañana
Adam: ¡Yo también!
Alex: ¿Sos Adam el que se sienta atrás de todo?
Adam: Sí, soy yo. Bueno tengo que irme, nos vemos mañana ¿sí?
Pasaron dos meses y ellos terminaron el juego.
Ellos crecieron y ya teniendo 18 años se produce una guerra en su país, ellos son sacados de la facultad y llevados a la guerra y hacían lo mismo que en el juego y siempre ganaban las batallas, ya sea con francos o con cualquier arma , pero continuamente hacían lo del juego y ganaban.
Érase una noche en la que los enemigos le hicieron una emboscada, ellos son tomados de rehén junto a sus dos compañeros de habitación. Al otro día los de su bando se dan cuenta de que ellos no están y salen a buscarlos a la base enemiga
Adam, Alex y los otros dos compañeros son interrogados por el comandante del bando enemigo. Alex decide hablar pero Adam se resiste. Adam recibe una terrible golpiza por parte del comandante, los otros dos compañeros son fusilados.
Adam y Alex consiguen salir del cuartel. Llegan los enemigos detrás de ellos y comienzan a disparar mientras Adam y Alex escapan. Alex recibe un disparo y es llevado a la guardia del campo de su tropa. Adam va con él y luego de que Alex se puso mejor fueron a buscar venganza. Se enteran de que hay más rehenes en la base enemiga y quieren ir a salvarlos. Llegando entran a una casa como la de Alex, abren la puerta sorprendidos y se encuentran con ellos mismos: Alex y Adam jugando al juego de guerra , que estaba pasando en ese momento, y ellos en el juego entran a la casa y se encuentran a Alez y Adam jugando al juego…y así sucesivamente…





jueves, 29 de mayo de 2014

Los mil espejos

Elevé mi mirada intentando enfocar a la persona que se encontraba a mi lado. Rocé el puño de mi remera en mis pómulos con brusquedad, las lágrimas caían y nublaban mi visión. Solo recuerdos inundando mi memoria. ¿Cómo podían ser tan espontáneos los momentos que lo cambian todo? Ahí estaba yo, recostada en esa camilla de hospital, procesando las palabras del médico: -“no sobrevivió, hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance. Lo sentimos”. Solo recuerdo un esbozo de sonrisa detrás del casco, un “te amo” apenas audible y la luz de un auto que se aproximaba cada vez más. Minutos, segundos, centésimos… ¿cómo pasó? Impactó contra nuestra motocicleta, me caí e instantáneamente perdí la conciencia. Solo sé que hace dos semanas que estoy en “H. C.
S. A” (Hospital y Clínica de Salud Argentina), tengo un leve traumatismo, y que Luke…

-¿Por qué? –Pregunté a mi madre. Era de esas pocas veces en las que me sentía perdida. -¿Por qué? –Reiteraba entre lágrimas. Volvía a ser una niña que perdió a su madre entre los stands de supermercado. Sola, lejana a lo conocido, dolida y por sobre todo, asustada. Las enfermeras y médicos salieron de la habitación, dejándonos solas.

 Mi vista se perdía fija en la nada. Lo único que se oía era el pasar continuo de los autos y el paso de los trabajadores del hospital. -Giselle, -Dijo mi madre. Negué. No necesitaba de sus consuelos. No necesitaba que alguien me dijese cosas como ‘está en un mejor lugar ahora’, ‘te amaba’, ‘lo importante es que estás bien’. No pretendía el conocido positivismo barato. Quería salir fuera de estas cuatro paredes de hospital y encerrarme en mis cuatro paredes de habitación.

-¿Ya puedo salir de aquí? –Salió de la habitación sin responder. Me acomodé y vestí para salir de la cama, lista y preparada, para huir si no me permitían retirarme. Pocos minutos después, ella y el Dr. Alejandro, por lo que vi en su cartilla, entraron con una planilla de consentimiento que debía firmar, me dio algunas indicaciones de cuidados y se despidió con una sonrisa.
-Vamos a casa, cariño. –Sonrió con cansancio.
 -Prefiero ir a mi casa, mamá. Quiero… necesito estar sola. –Tomé mi bolso. – ¿Puedes dejarme allí?
-¿Estás segura? –Asentí. Obediente a mi pedido, mi madre, me ayudó a abrir la puerta y volvió a su auto.
 -Cualquier cosa, llámame. –Dijo antes de subir a su móvil. –No lo dudes ni por un segundo. Tomé aire y entré a casa. Cuántas cajas que no habíamos acabado de desempacar, vajilla sin estrenar, películas que no llegamos a ver… cuántos momentos que no llegaríamos a vivir. Lentamente me dejé caer sobre mi sofá. Inhalaba y exhalaba, porque lo que quedaba de mí vida, de ello dependía. Sentía el dolor de cuchillos traspasando mi pecho.

 Extendí mis piernas y acerqué una caja que tenía la palabra fotos, inscripto con fibrón negro. Uno a uno saqué los álbumes y recorrí sus páginas. Todos nuestros recuerdos congelados desde el primer momento. Y allí estábamos, nuestra historia contaba con las mejores citas escritas por Hamlet, nuestra pintura poseía las mejores pinceladas dadas por Da Vinci y las mejores obras jamás compuestas por Mozart. Desde el jardín de infantes, cuando por primera vez lo abracé, con el cariño que solo los niños saben dar; los mutuos celos de mejores amigos adolescentes; las constantes visitas; horas de cafés rodeados de carpetas y posibles preguntas de exámenes; cenas, películas, miradas. Mi amigo, mi hermano, mi novio, mi compañero… mi todo. Una lágrima cayó sobre el álbum, humedeciendo el papel que recubría una imagen de dos niños en una plaza, jugando en los columpios, sonriendo sin pensar en nada y nadie. Sonreía ante el recuerdo de un buen pasado, aunque me lamentase por el dolor que generaba en mí el futuro que deparaba obvio. Con sutil delicadeza, rocé la imagen con la yema del dedo índice.
Me paré, luego de preparar un café, subí a mi habitación.

-Giselle, -una hilera de dientes blancos, perfectamente acomodados uno junto a otro, cabellos despeinados del color del café y ojos verdes como las hojas de los árboles en primavera, estudiaban cada uno de mis movimientos desde la mecedora de madera clara en la esquina de la habitación. Mi cuerpo se tensó. -¿Giselle, –Elevó sus tupidas cejas con confusión. - has estado llorando? –La taza resbaló y cayó al piso, volcando el contenido y mezclándose con los pedazos blancos de porcelana. Miré donde el café recorría, y volví mi mirada a Luke. Me acerqué a él. –

-¿Eres tú? –Rocé mi pulgar en sus mejillas. – ¿Eres real? –Me senté sobre sus piernas y rodeando su cuello con mis brazos, sonreí. Nuestras caras se enfrentaban, recorriendo uno la mirada del otro. Asintió sin dejar de mirarme con lo que parecía ser una mezcla entre temor y cariño.
-¿Por qué llorabas? –Preguntó.
-Es que tú… yo… -Sin encontrar las palabras adecuadas, cerré mi boca. –
¿Te alejarás de mi lado? –Una lágrima recorrió su bien definido rostro. Negué. -Vuelve… vuelve… te necesito- Su voz sonaba desesperada. –No me dejes otra vez… no… - Pestañeé. Todo se volvía borroso. –Necesito que vuelvas. –Sus labios envolvieron los míos con lo que sabía a una mezcla de amargura y dolor. –Necesito que despiertes. –Habló sobre mi boca. Mezclando sus lágrimas con las mías. –No quiero perderte. –Volví a abrir mis ojos.
-Yo estoy aquí –Dije aferrándome a él.
-El accidente se ha llevado a mi Giselle. –Confundida, me alejé para mirarle. –Necesito que despiertes, que vuelvas a nuestra realidad, que no me abandones. –Sus dedos se enredaban entre mis rizos.
Se escuchó un golpe proveniente de un viejo espejo que se encontraba frente a nosotros. Mostraba una chica que rozaba el marco de éste con una mano y sostenía el café con la otra. Su rostro estaba pálido, sus ojos denotaban cansancio y la rojez carmesí de ríos de lágrimas. Detrás de ella había una mecedora de madera clara en la esquina de la habitación. Ella me llamaba moviendo su mano.
-Luke, ¿quién es esa chica? –Dije mirando con atención el espejo, me sonaba familiar.
 -¿Quién? -La del espejo. La que me llama. Parece… se parece a mí -Él me abrazo.
-No la sigas. –Dijo. –Viene a llevarte… siempre viene a llevarte.
-¿Quién es esa chica Luke? -Su mano se encontró contra el vidrio del espejo. –¿Quién es? –Reiteré. Ella pasó su mano dentro del espejo, como si este fuese agua.
-Vamos –Llamó una voz femenina.
-Eres tú, Giselle –Afirmó Luke. -Vamos, Giselle.
–Llamaba la muchacha desde el otro lado del espejo. Miré a Luke sin entender. Antes de pronunciar palabra alguna, ella tiró de mí.
 –Vamos. –La miré e intenté soltarme. Sonrió hacia mí con simpatía.
-Por favor, no… -Luke me sostuvo.
-La necesito –Dijo la chica, sosteniendo de mí con más fuerza. –No puedo renunciar a mí misma. –Tironeó, hasta que me vi rodeada por una habitación oscura y sola. Busqué con la vista, sin encontrar nada. Me volví donde el espejo se encontraba. Sentados en una esquina de la habitación, Luke sonreía a la figura femenina de lo que parecía ser una chica idéntica a mí. Recorrí la habitación con la mirada. Golpeé el vidrio provocando un sonido de “toc”, y capté la atención de esa chica. Se notaba su confusión. Ella veía, al igual que yo lo hacía, un espejo que no imitaba sus movimientos. Se acercó con la intención de verificar mi realidad. A mi costado derecho, en un segundo espejo, alguien tiró de mi mano, la cual caía a mi costado.
-Ayúdame. – Miré el espejo con detenimiento. Una niña llamaba llorando. – Ayúdame, por favor. -Rogó ayudándome a pasar. Me guió a una cama de dos plazas, ubicada en contra a la puerta. –Ayúdala a despertar. –Pidió la pequeña, destapando el cuerpo que se recostaba en la cama, pero sin encontrar nada. La niñita sonrió y saltó a mis brazos. -¡Despertaste! –Chilló. Miramos el cristal, y notamos que todas las partes, traspasaban y sostenían una la mano de la otra. –Toca los reflejos. –Dijo. Obedecí con desconfianza. Luego de tomar la mano de las chicas ubicadas detrás de las láminas, todo se volvió gris. Un agudo dolor de cabeza se hizo presente.
La niña, la chica que estaba con Luke y él, la de la taza de café, los espejos, las camas, la mecedora… todo desapareció. Cerré mis ojos para aminorar el dolor… Miré hacia mis costados e intenté mover mi cuello, pestañeé un par de veces para acostumbrarme a la luz. Recorrí mi living con la mirada, perdida en la confusión, de lo que se sintió como el sueño más real. Atónita, decidí ir en busca de una taza de café y recostarme en mi cama. Abrí la puerta, y un dulce "Gissele" se escuchó, proveniente de la misma mecedora de madera clara, ubicada en la misma esquina de la habitación. Mi cuerpo se tensó y mi taza resbaló y cayó al piso.


Candela Campagnolo, Natalia Boutet y Lucio Ulla

miércoles, 28 de mayo de 2014

El espejo




Como un día cualquiera, bueno en verdad el día de mi cumpleaños, me levanté, desayuné y fui a la escuela. Cuando volví a mi casa, hicimos una fiesta en familia. comimos torta y bocadillos y charlamos. Al final, obvio, los regalos. Me regalaron muchas cosas: mucha ropa, un MP3, perfume y un espejo. El espejo era hermoso, negro con rayas grises y era grande.
Al terminar la fiesta, me iba a dormir, pero me dio curiosidad el espejo. Era el único regalo que no tenía nombre, decía "Anónimo". Para mi lo desconocido tiene algo especial. Así que lo colgué en frente de mi cama, me acosté y me dormí.
Al día siguiente me desperté atemorizada por un sueño. El sueño se trataba de alguien que me perseguía mientras caminaba por un parque. No le dí demasiada importancia, total es solo un sueño. Desayuné y me fui para la escuela.
Desde que salí de mi casa sentía algo atrás mio, pensé que solo quede un poco traumada por el sueño. A solo unas cuadras de la escuela me dí vuelta, había un hombre, era alto, no podía ver su rostro, tenía lentes de sol y tapaba su boca con su campera, él estaba caminando atrás mio. Solo respiré profundo y seguí caminando.
Llegando a la esquina me dí vuelta otra vez, estaba a unos pasos atrás mio. Empecé a aumentar el ritmo de mis pasos, él también. Entonces comencé a correr, pero él me tomó del brazo con fuerza. Parecía como que si no hubiera escapatoria. Entonces le dí un golpe en el estomago y salí corriendo hacia la casa del frente. Golpeé la puerta y me atendió una mujer.
-Hola niña ¿Qué quiere?
-¡Por favor ayuda! ¡Un hombre me persigue!
-No te preocupes niña, solo duerme.
La mujer me tapó la boca con un trapo y me dormí.

Cuando me desperté, estaba en una casa grande, al perecer no había nadie. Me levanté, fui a la puerta, pero estaba cerrada. Golpeé la puerta con todas mi fuerzas hasta que abrió. Salí y me dí cuenta que era la casa de enfrente de mi casa. Entré a mi casa, como siempre, mis padres no estaban. Ya eran como las 12 de la madrugada, fui a mi habitación, no estaba el espejo. En verdad estaba muy cansada para pensar en donde estaría el espejo.
Así que solo me fui a dormir, apenas cerré los ojos estaba en un lugar diferente. Era el salón de clases con mis compañeros y la profesora. Me quedé sorprendida, tal vez todo fue un sueño después de todo, me habré dormido en plena clase. Al terminar la clase, tomé otro camino a casa. Cerca había un parque, similar a la de mi sueño, decidí recorrer un momento el parque. Me senté, al rato veo a una chica, corriendo, atrás de ella hay un hombre corriendo también. Me quedé impresionada, no sabía que hacer por ella, no tenía celular, solo los libros de la escuela. Tenía miedo de meterme en la situación, así que solo me quedé sentada en el banco.

Ya eran las 2 de la tarde, me dirigí a mi casa, yendo para allí encontré un periódico, decía: "Adolescente De 15 Años Se La Encuentra Muerta En Su Habitación.  El tercer caso encontrado es sobre una chica llamada Alicia Lirnaldi , todavía no se sabe la causa de las muertes de las adolescentes, los médicos dicen que no tuvieron ningún tipo de paro cardíaco o envenenamiento. Una de ellas está en un profundo sueño, en coma. Lo único que tienen en común es un espejo que les han regalado en el mismo día de sus muertes, los 3 espejos estaban en frente de sus camas. Se dice que puede haber una maldición en ellos, que al ponerlos en frente de la cama mientras duermes atrapa tu alma y la encierra en una dimensión o simplemente te mata, pero todavía eso esta en cuestión. ¿Sabremos la verdad?, solo habrá que buscar más testigos y repuestas."
Me quedé impactada al leer esto, no sabía si creer lo del espejo o no. Pensaba que solo serían mitos. Al llegar a mi casa estaba llena de gente que no conocía, la casa estaba decorada y había un cartel que decía "Feliz Cumpleaños Alicia". Salí a la puerta y me dí cuenta que esa no era mi casa. Me preguntaba como es que llegué hasta allí, me habré confundido. El nombre Alicia me era conocido. Entonces recordé que Alicia era la chica del periódico, entré otra vez a la casa y me fijé en sus regalos, al parecer nadie  me veía. Entre sus regalos estaba el espejo, así que lo tomé y lo rompí en la calle.

Al romper el espejo estaba en otro lugar, estaba en mi habitación, en mi cama. Estaba muy confundida, ¿Habrá sido solo un sueño? Observé bien la habitación, no estaba el espejo. ¿Mi cumpleaños también habrá sido un sueño?. Por un lado estaba aliviada pero por otro estaba nerviosa.
Desayuné, fui a la escuela, volviendo a mi casa vi a una chica corriendo, golpea la puerta de una casa, la atiende una mujer, y la entra de un tirón. -Solo estoy imaginando- dije.
Llegué a mi casa, pero me dio curiosidad la casa de enfrente, la puerta estaba abierta, entré, al parecer no había nadie. Me metí en una habitación, allí había un montón de peluches, y un espejo. Lo único que se me ocurrió y que mi cuerpo hizo por sí solo fue romper el espejo. Al romperlo estaba en mi habitación de vuelta, con todos los regalos y el espejo.
-Entonces, ¿Mi cumpleaños no fue un sueño?. Pero ¿Qué diablos me pasa?
Me levanté, me dirigí al espejo y lo rompí con toda mi furia, tomé todos los pedazos y los tiré a la basura. Desayuné y me puse a leer el periódico, no decía nada de un espejo o de chicas muertas, solo encontré en la mesa un papel del hospital, decía "Paciente Catherin López.  Estuvo en estado de coma por 5 días, dada de alta, por lo tanto solo tiene que hacer reposo y esperar los resultados de los análisis(...)"

-Entonces...¿Esa es su historia?
-Si
-Después de todo eso, ¿Tiene algún tipo de miedo a algo?
-Si, a los espejos. ¿Usted cree que esto se le pueda comunicar al mundo?
-Mm, creo que no Sra.López. Solo debería olvidarlo y tomar sus tranquilizantes diarios.- Al parecer habrá que hacer otro tipo de terapia.
-Es que no lo puedo olvidar, tengo miedo. Eso me persigue.
-No se preocupe, solo duerma.



Ana Ruiz Aragón